miércoles, 2 de abril de 2014

Hoy es el cumpleaños de una amiga

Hoy es el cumpleaños de una amiga. Hasta ahí todo suena normal, digamos, una frase corriente. De esas que escuchas en cualquier corrillo de cafetería entre el café y la tostada soñolienta que jamás te permites porque, de hecho, no estás en una cafetería, ni tienes tiempo para frases de corrillo. Digamos que sigue siendo entonces el cumpleaños de una amiga. Pero tú estás sola en tu café que arde de madrugada, buscando en la cocina el motivo por el cual tomas ese café cada una de esas veces en las que te yergues por encima de los horarios y tus máscaras del día. Tienes metas, estás viva, por eso madrugas o trasnochas según se tercie. Tu niña duerme, y aún no eres madre, no lo serás hasta que despierte. Tampoco eres eso que serás luego, a las ocho, camino del trabajo entre atascos que a veces fluyen, y otras te desesperan. Aún no hay nada, es temprano, quizás cuando amanezca seas la hija de alguien, la pareja de alguien, la hermana... Ahora solo eres este café de pie en la cocina, y esa frase que suena tanto a verdad porque lo es. Hoy es el cumple de una amiga. Y no es una amiga cualquiera. Es una de ellas. Una elegida. Pertenece al grupo de ejemplares extraños que el Universo te planta delante para que te des de bruces con el abismo y despiertes. Hoy es su cumpleaños. Ella cree que comparte una sencilla tarta. Pero la muerte autómata de tantos años se desempolva, con un soplido, el de sus velas encendidas. No es consciente de cuánto nos libera su propia libertad. Ella lanzará un deseo sin saber que su soplo ha sido bendecido y su poder respecto a los otros es brutal. Ella, que es menudita y pudo parecer poca cosa…no sabe quién es aunque lo intuye. Una amiga madrugada. De las que trae consigo al Sol mismo. Así de simple. Llega Llanos y amanece. No es el tipo de persona que podré encontrar en el asfalto, ni en los corrillos tostados de una cafetería que no visita, porque ella tampoco tiene tiempo de chismorrear sobre el estado eterno de las cosas y sus bucles. Anda ocupada cambiando el mundo, así, como llega. Se lo ha tomado como algo personal y le está dando la vuelta por una orilla, zurcido a zurcido como un calcetín. De hecho, ya ha conseguido cambiar la vida de todos los que la conocemos; porque, vamos a ver, una no se encuentra de pronto un meteorito en la cocina cuando toma el primer café y recuerda que hoy es el cumpleaños de una amiga. Todo cambia si esa amiga es un ser brillante. Tanto que cubre su cuerpo con telas burdas de colores, para disimular que el color le brota a ella por todos los poros. Tan luminosa que su risa te dura en los oídos a través de los meses o años en que no la has visto, siquiera para un café. No es necesario. Podrías verla un solo día, conocerla casualmente al cruzar la avenida de los cuatro carriles, y al tercero la amarías por siempre. Y dirías orgullosa que es amiga tuya, porque sabes que todos los días no se produce una lluvia de estrellas en tu cocina con solo recordar que hoy es el cumpleaños de una amiga. Una amiga faro en el oscuro océano de rutinas sin rayo. Y de pronto entiendo por qué estoy de pie en la cocina sorbiendo un café que ya no quema, pero que sigue reflejando destellos bellísimos por el día que es. Con la luz que me alcanza, me levanto a escribir y decido que mi vida es más preciosa con cada café y más mía, gracias a la estela que dejan tras de sí las grandes amigas como Llanos. Feliz cumpleaños.

2 comentarios:

  1. Tengo la inmensa suerte de compartir con ella mi vida desde pequeñita. He de reconocer que me has hecho llorar, porque la reconozco en cada una de las palabras que dices. Gracias!!!

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