sábado, 15 de septiembre de 2012

Luz 21

Luz Caballero naufraga robinsones en su cáliz de orillas. Luz sahuma inciensos; luego predica el otoño, en todas sus vertientes de hoja triste, crujida en torno al oro, inquebrantable, del viento. Tintineos metálicos de cristal y lienzo le sacuden victoriosos. Luz grita abofeteada campanas repicadas en laberintos de oído. Ora. Le rubrican el rezo bandadas de aves que emigran.Luz muerde un trozo de tierra y escupe una isla. Decide aguardar a conocer su ser primero, la luz primitiva que habita en las células. Y gana. Arranca maderas con incisivos enormes, las pule a molar y mezcla de barros. Adorna el hogar con collar y guirnalda de pluma-hueso, de vida ausente que trae otra vida. Pare Luz Caballero en medio de ninguna parte. Después llora y devora a la criatura.

No consigue entender la naturaleza enfurecida del clima. Se lanza al mar y le pican a diente los peces más inexplicables. Regresa a la arena ensangrentada pero valerosa. Sobrevive. Vuelve a nado algunos ratos, el resto evaporada, elevada en nube o niebla...



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